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El juego de las escondidas es uno de los preferidos de los niños. Pero, como en todo, hay algunos niños que no saben jugar del todo y que probablemente deberían darle un repaso a las reglas. Los niños comienzan a jugar a las escondidas antes de caminar siquiera, pueden esconderse detrás de un babero, de un juguete o lo que sea, es uno de los juegos más sencillos y divertidos.

Cuando el niño se esconde es capaz de disfrutar de la adrenalina por los nervios de ser encontrado. Es un juego de estrategia, encontrar el lugar más adecuado para pasar desapercibido. Pero los niños, sobre todo los más pequeños, en su mundo de inocencia, pueden tener ciertas dificultades para esconderse. Eso sí, todos esconden la cabeza y la cara, y se olvidan que las piernas pueden delatarlos. Otros no son tan concientes de su tamaño y tratan de esconderse detrás de una planta minúscula.

Los niños tampoco entienden demasiado de transparencias y encuentran que una cortina o el vidrio de una mesa pueden ser los lugares ideales para esconderse. Hasta que llega el maldito adulto y se ríe silenciosamente, saca la foto de prueba y luego sigue jugando.

Seguramente cuando pasen los años estos niños no podrán parar de reírse de su fabuloso escondite. El mensaje es claro, el mundo de los niños es increíble y feliz, y nada ni nadie debe cambiarlo. Los padres y adultos responsables debemos incentivarlo y disfrutarlo, porque dura solo unos poquitos años. El tiempo pasa demasiado rápido.