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Los primeros años de vida son fundamentales para la formación de la personalidad y para cimentar los valores de la vida adulta. Lamentablemente hay niños que por distintas razones no tienen la posibilidad de vivir una infancia feliz. Las privaciones y los abusos pueden despertar en los niños una forma de vivir muy diferente a su natural tendencia a la alegría y dulzura. También puede pasar que los niños, debido a enfermedades mentales u otro tipo de trastornos, se vuelvan agresivos y peligrosos. Cuando un niño llega a matar a alguien se terminan dos vidas, la de la persona asesinada y la del niño, que termina abruptamente su infancia, porque nada será igual luego del incidente. Jon Benvales y su amigo, tenían 10 años el 12 de febrero de 1993, cuando faltaron a la escuela primaria y fueron a un centro comercial. Una vez en el mismo, secuestraron a un pequeño, al que golpearon y torturaron hasta la muerte. Luego lanzaron el cuerpo de la víctima a las vías del tren. Las cámaras de seguridad del centro comercial captaron el momento en que se llevaban al niño. La mamá del pequeño llamó a la policía y los dos niños asesinos fueron condenados a cadena perpetua.

 

Brenda Spencer era una chica nortemaricana común. Pero cuando cumplió 13 años, sus padres tuvieron la pésima idea de regalarle un rifle para su cumpleaños. La joven lo usó para entrara a su escuela y dispararle a todos sus compañeros. Mató a 8 niños y dos maestros, dejando a varios heridos en el piso del colegio. La chica afirmó que realizó la matanza solamente porque no le gustaban los lunes.

Mary Beth fue encarcelada por estrangular a un niño el día anterior a cumplir los 11 años. Luego, con una amiga mataron a otro niño asfixiándolo y lacerando su cuerpo con una navaja. No solo escribieron una horrorosa leyenda en el cuerpo, sino que además le cortaron los genitales. Las dos niñas fueron culpadas tiempo después por los dos asesinatos.

A finales del Siglo XIX un chico fue tristemente conocido como “El novio de Boston”. Con 14 años secuestró y torturó a 8 niños menores de 10 años. Lo llevaron a un reformatorio, del que escapó fácilmente tras tener como cómplice  aun funcionario del mismo. Una vez en la calle volvió a matar, a una niña de 11 años y a un niño de 4.  El niño tuvo una fama inesperada y cruel y tuvo en vilo a toda la ciudad de Boston durante unos años.